jueves, 4 de diciembre de 2014

"I don't care"



Mi vida no es como cualquier adolescente. Empezando que para muchos el dinero lo es todo. Muchos conocidos creen que soy lo máximo por tener de todo, ya saben, dinero, coches y chicos. Y además ser hija única. Pero ellos no saben nada.
Puede que suene algo nenita lo que voy a decirles pero daría lo que fuera por un poco de atención de mis padres. Es que es horrible verlos tan indiferentes, daría lo que sea para que sientan algo por mi. No se, que me quieran, o que me odien, ¡Algo! Es muy feo ver a mis padres tratándome indiferente. Además hice de todo para tratar de llamarles su atención. Hasta me tatué un ridículo tatuaje a mis diecisiete. Y cada vez que terminaba en algún hospital. Mi padre mandaba a alguien a pagar por los servicios.
Por este motivo es que me estoy escapando de mi casa. O mejor dicho mansión. Una vez conté los días en los que no me dirigieron la palabra, fueron seis días. Mamá ahogándose en su alcohol, y mi padre la única vez que me habló después de esos seis días fue para decirme que "se iba a un viaje importante de negocios" eso es lo que decía siempre cuando se escapaba con su amante.
El casamiento de mis padres fue arreglado. Al unir a dos familias poderosas mejor. Y de ahí nací yo. De ese falso amor, para así vender más basura a los paparazzi.
Así que agarré un bolso, colocándole algo de ropa. Y aprovechando que mis padres no estaban, le saqué dinero en efectivo a mi padre. Al principio me sentí mal. ¡He sacado cien mil pesos! Después me acordé que el dinero les sobraba. Así que sin más salí.
Mi plan era tomar el primer avión hacia cualquier lado. Luego conseguirme algún departamento y tratar de mantenerme con el dinero que tengo mientras consigo algún trabajo.

Ocho horas después y he aterrizado en Australia. He venido alguna vez de niña, claro, en ese entonces todavía les importaba a mis padres. Por eso es que apenas cumplí mis diecinueve decidí marcharme.

Caminé sin rumbo por la ciudad, tratando de ver algún hotel para hospedarme. De pronto empezó a oscurecer. Ya casi ni había gente en las calles. Sentí que unos tipos comenzaban a perseguirme ¡Diablos! No podía dejar que se quedaran con mi bolso ¡Allí estaba todo mi dinero! Ya me imaginaba aver escapado de casa para estar pidiendo limosnas en otro continente.
-¡Hey lindura!
Con todas mis fuerzas comencé a correr, ellos también lo hicieron. Por suerte estaba acostumbrada a correr, pero el peso de mi bolso me lo ponía medio difícil. Hasta que vi mi solución. Era un tacho de basura. Lo había visto en varias películas, podría hacerlo.
Cuando quise meterme uno de los chicos me atrapó.
-¡Vaya que corres rápido! -dijo el chico que me atrapó por la cintura, mientras que el chico más gordo intentaba recuperar su aliento.
-Solo te queremos dar un poco de amor. -rieron.
Estaba perdida. Tenía que hacer algo, no podía dejarme vencer así sin más. Sabía que si le pegaba al flaco, el gordo me iba a atrapar.
¡Piensa Hadley!
Bueno, por lo menos haré algo. Así que con todas mis fuerzas le dí un codazo al chico que me sostenía de atrás. Luego rápidamente le pequé muy fuerte en la cara. El chico gordo me atrapó y como pude le dí una buena patada en su entrepierna.
Me entretuve un poco y el flaco me volvió a sostener.
-Si que pegas fuerte. Mejor veamos como serás en la cama. -rió.
-¡Hey ustedes! Suelten a la chica. -ordenó una chica rubia, quien llevaba un arma.- No se muevan y levanten las manos.-Yo no me moví, pues nadie quiere contradecir al alguien que carga un arma. -Lárguense si no quieren  que Matt los elimine.
Creo que metí el pie y hasta el fondo. Según en las películas "eliminar" sería matar. Oh no, ¿en qué me he metido?
-¿No se irán? -volvió a repetir, y con una sonrisa apuntó para disparar. Cerré los ojos con fuerza hasta que sentí el disparo. Luego varios pasos alejándose. Abrí mis ojos y noté que ella había disparado al aire.
-¡Nunca he visto a una persona tan gorda correr tan rápido! -rió carcajeándose- ¿Estás bien?
-Eh, sí, gracias.
-Por cierto, soy Alice. ¿Y tu?-se guardó su pistola en el bolsillo trasero de sus jeans como si se estuviera guardando un chocolate y estuviéramos charlando como si nos conociéramos de toda la vida en un parque a las cuatro de la tarde.
-Hadley. -Respondí recelosa.
-¿Y qué haces aquí?
¿Mentirle o no mentirle a la chica quien cargaba un arma? Esa era la cuestión.
-Vine a visitar a una familia.
-Oh, ven y te llevo hacia su casa ¿Dónde queda?
-En realidad, pensaba alquilar en algún hotel esta noche, no los quiero molestar a esta hora.
-¡Oh, vamos! No creo que se molesten.
-Es que... yo... eh... -¿cómo haré para que mi supuesta familia que por supuesto es falsa, me salve de esto?
-¡Eres una mentirosa! -rió- No lo intentes, se muy bien cuando una persona está mintiendo -sonrió- así que dime. ¿Qué haces aquí?
-Huí de casa.
-Oh vaya, algo en común.  Yo hace dos años escapé.
-¿Y cómo te ha ido?
-Pues, no me quejo. Bien, supongo que no tienes ningún lugar dónde quedarte. Así que te llevaré con nosotros.
Abrió la puerta de la cajuela, supuse que para que dejara el bolso, pero me sorprendí al ver que me tenía que meter yo también ahí.
-Lo siento, pero no puedes ver a dónde te llevo.
Sin más asentí mientras abrazaba mi bolso. Cerré mi ojos, pensando que la oscuridad era solo producto de mi imaginación. No se cuánto tiempo habrá pasado, pero me he dormido. Cuando siento que el auto para me despierto, temerosa de lo que pudiera llegar a pasar. Un muchacho atractivo abre la cajuela. Sacándome de allí con delicadeza.
-Ven.- dijo Alice- Matt estará encantado con tenerte. Te necesitamos para una misión.
Me empezaron a preparar para esa supuesta misión. Hasta que el famoso día llegó. Entré junto a mi supuesta pareja a ese baile de un tal Chard. Aquél hombre según me enteré. Cada vez que cumplía años hacía alguna fiesta en lo que mayor se notaba era hacerles saber la cantidad de dinero que tiene y presumir.
Teníamos que llevarnos una pintura. Según Matt no era robar, era recuperar.
Así que me metí en mi papel de James Bond y me preparé para todo lo que viniese.

Las semanas han pasado, y con ella los meses. ¿Acaso mis padres se han dado cuenta de mi ausencia? Si tan sólo mi madre dejara la bebida, hubiera huido con ella hacía cualquier lado. Pero no fue así, ella se quiso perder en el alcohol a sabiendas de que su marido la engaña.

-Tenemos problemas. -dijo Matt, entrando a mi habitación.
-¿Qué es lo que pasa? -pregunté mientras me sentaba en la cama.
Él no dijo nada y sin más me mostró un papel.
Santo Dios, era yo. Había un montón de correos y números telefónicos. Estaban buscándome. Y encima habían puesto una imagen mía vieja, cuando cumplí los dieciséis. Aquella vez fue la última vez en que en verdad les importé. Me pregunto cuánto habrán tardado para darse cuenta de que no estaba. Supongo que días, o quizá semanas.
-¿Qué piensas hacer? -me preguntó Alice mientras se sentaba al lado mío.
-Yo...en verdad no lo sé. ¿Dónde lo conseguiste?
-Están pegados por todos lados.
-Incluso sales en la televisión- contestó Alice.

¿Tendría que llamarlos? No ¿para qué? Si ellos jamás se han preocupado por mi.

-Tendrías que llamarlos. -dijo Matt. -se ven que están muy preocupados.
-Pues que les den. No pienso hacerlo. -gruñí.
-¿Te acuerdas cuando te dije que me escapé de casa? -Me dijo Alice. Asentí. -Pues mis padres jamás hicieron algo como esto. Ellos de verdad te quieren, así que ve con ellos. -me sonrió, mientras una lágrima caía por su mejilla.
No me quería ir, aquí de verdad podía decir que estaba en familia.

El tiempo pasó. Decidí volver con mis padres, sin antes prometerles a los chicos volver. Al llegar me sorprendí al verlos. Estaban muy cambiados desde la última vez que los vi. Recuerdo que cuando me fui estaban en su trámite de divorcio.

-¡Mi niña! -mi padre corrió a abrazarme. Mientras que mi madre se quedaba en su lugar observándonos mientras lloraba.
- Mi amor. -reaccionó mi madre y corrió a abrazarme.
- Mamá, papá.
-Lo sentimos. -dijeron al unisono.

Sonreí mientras lloraba con ellos. Haber tener que irme para que ellos se den cuenta de que existo. Mi madre había abandonado por completo al alcohol, y mi padre terminó con todas sus amantes, concentrándose más en su familia.

Hasta el día de hoy me pregunto qué hubiera pasado si nunca me hubiera ido. ¿Seguirían siendo mejor, o peor? Ya no me importa.

Me fui a dormir en mi dulce y cómoda cama. Teniendo como última visión la sonrisa y el cariño de mis padres.



FIN.

2 comentarios: